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El Puente Bizkaia cumple 20 años como Patrimonio Mundial

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El Puente Bizkaia cumple 20 años como Patrimonio Mundial

Dos décadas después del reconocimiento de la Unesco, el transbordador centenario combina su valor histórico con retos de proyección internacional

Han transcurrido dos décadas desde que la Unesco inscribió al Puente Bizkaia en el catálogo de las grandes maravillas de la humanidad. Aquella decisión unánime no solo premió una estructura colosal de hierro nacida en 1893, y concebida por Alberto de Palacio, sino que elevó a la categoría de arte la ingeniería más audaz de la Revolución Industrial. La propia organización internacional rendía tributo a una obra que supo entrelazar la belleza formal y la funcionalidad técnica, legando al mundo una solución pionera que serviría de inspiración en las décadas posteriores.

La clave de este reconocimiento residió en su función social, su perfecto estado de conservación y su carácter único: fue el primer puente transbordador de estructura metálica del mundo, ideado para solucionar el paso de peatones y vehículos sin obstaculizar la crucial navegación marítima que vertebraba el desarrollo económico del territorio.

Desde entonces, el gigante de hierro ha florecido como un icono turístico y cultural de Portugalete y Getxo, proyectando una imagen de innovación, historia e identidad en el exterior. Pero, además de su extraordinario valor patrimonial, continúa desempeñando el papel para el que fue concebido y es una infraestructura estratégica en la movilidad del Gran Bilbao. Cada año transporta a más de 500.000 vehículos y millones de personas, contribuyendo de forma decisiva a la conexión entre ambas márgenes de la ría y a aliviar el tráfico, especialmente en las horas punta. Esta capacidad para prestar un servicio eficiente más de 130 años después de su inauguración lo convierte en un ejemplo excepcional de patrimonio vivo.

Obra histórica y viva “La declaración supuso poner en valor esta infraestructura y lograr que la ciudadanía del País Vasco la viéramos con otros ojos. Lo primero que valoró la Unesco, además de considerarlo la máxima expresión de belleza, creatividad y funcionalidad, fue que seguía siendo fiel a la función para la cual fue concebido”, recuerda su directora gerente, Marta Uriarte.

Su máxima responsable remarca que este logro responde al compromiso colectivo y a una labor ininterrumpida. “El puente ha sabido adaptarse a las costumbres de cada época y aplicar la tecnología disponible gracias a un equipo humano, desde mantenimiento hasta la dirección, que ha trabajado al unísono. Este reconocimiento es fruto del esfuerzo de la ciudadanía que lo ha mantenido vivo y de la inteligencia de todos los que han pasado por él, desde los trabajadores hasta los socios que supieron situarlo en el lugar que merecía”.

De cara a los próximos años, Uriarte augura un futuro prometedor, pero no exento de exigencias técnicas. “Hablamos de una filigrana, un puente delicado que ha sufrido mucho desgaste y que requiere un mimo constante. Al estar expuesto a la intemperie, libramos una lucha diaria contra las condiciones adversas: las altas temperaturas, los fuertes vientos, las tormentas y la corrosión del ambiente salino”. Por ello, subraya la necesidad de mantener un esfuerzo económico y humano continuado. Asimismo, apunta a mantener su proyección internacional a través de la colaboración con otras entidades y a la introducción de herramientas digitales para llegar a nuevos públicos, como otros retos.

> Puente Bizkaia Jornada de celebración

El Puente Bizkaia celebró el 20º aniversario de su declaración como Patrimonio Mundial por la Unesco con una jornada festiva en las terrazas de sus dos márgenes, Portugalete y Getxo. El público asistente recibió un recuerdo conmemorativo y disfrutó de un programa musical que incluyó las actuaciones del trío Latrup y el concierto de rock melódico de la banda Kotta como cierre. Uno de los hitos de la jornada fue la inauguración de una exposición fotográfica y la posterior entrega de premios, una convocatoria que fue un rotundo éxito de participación al reunir 261 obras presentadas por 94 autores, lo que supuso una laboriosa selección para la fotógrafa Begoña Zubero en calidad de jurado. En el palmarés final, Aitor Joseba Idoyaga se alzó con el primer premio en la categoría de fotografía (inferior de página), mientras que Álvaro Colodrón obtuvo el máximo galardón en la modalidad digital (imagen superior).

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